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Antes de meterme de lleno con Novo Nordisk quiero contarte algo.
Cuando empecé este análisis tenía bastantes dudas sobre mi propia capacidad para entender y, sobre todo, para ganar convicción en una industria tan compleja como la farmacéutica. Tras dedicarle horas y horas, lo cierto es que esas dudas no solo no desaparecieron, sino que se reafirmaron.
He detectado síntomas claros de que estamos ante una grandísima compañía, con fortalezas difíciles de discutir, pero no siento la seguridad necesaria como para mantenerla durante años en cartera y, al mismo tiempo, tener la convicción firme que un negocio de este tipo exige. Aun así, he querido esforzarme por traer un análisis detallado, porque sé que muchos lectores tenéis interés en la empresa.
Puede que pienses que todo este trabajo no sirve de nada. Yo no lo veo así. Para mí, entender bien mi círculo de competencia (y saber dónde empiezan y dónde terminan mis límites) es una ventaja competitiva enorme como inversor individual. Ya me ocurrió hace años analizando Tristel: empresa interesante, pero con un terreno de patentes y regulaciones que se me escapaba por completo. Este caso no es muy distinto, salvo que considero a Novo mucho mejor empresa.
Entonces, ¿por qué dedicarle tiempo a algo que, casi de antemano, intuía que no encajaba conmigo? Los motivos son tres:
Descubrí Novo Nordisk hace años en el libro Invirtiendo en calidad de Lawrence Cunningham. Desde entonces siempre la tuve en el radar.
Las caídas recientes en su cotización me empujaron a mirar de cerca si había una oportunidad real detrás de ese castigo.
Recibí decenas de correos y mensajes privados de suscriptores pidiéndome, literalmente, “por favor” un análisis de la compañía. Este último motivo fue, sin duda, el que más me movió a lanzarme.
Anécdota breve y contexto
Tras aquel primer contacto “serio” vía Cunningham, llegó lo que yo llamo el “momento Ozempic”. En 2023, estos fármacos saltaron del terreno clínico a la cultura popular: de repente estaban en todas partes. Se hablaba de ellos en tertulias de café, en TikTok, en titulares de revistas de moda e incluso en programas de late night en Estados Unidos.
Familiares y amigos que nunca habían mostrado interés por la bolsa me preguntaban si era buena idea invertir en “la empresa de la inyección milagrosa para adelgazar”. Algunos lo comentaban con entusiasmo, comparando el fenómeno con el boom del Viagra en los noventa. Esa euforia me encendió las alarmas: cuando un producto médico se convierte en tema de conversación cotidiana y se instala en el imaginario popular, la narrativa bursátil suele inflarse más rápido que la realidad del negocio.
Ya había visto episodios similares: compañías de mascarillas en 2020, mineras de litio en plena fiebre del coche eléctrico o tecnológicas que parecían imbatibles hasta que se toparon con la realidad. En esos contextos, prefiero frenar, observar y dejar que el mercado pase de la excitación inicial a un escenario más razonable.
Lo curioso es que, mientras yo mantenía esa prudencia, Novo Nordisk alcanzó su cénit, superando incluso a LVMH como empresa más valiosa de Europa. Y, poco después, vino una corrección tan brusca como inesperada para muchos. Esa secuencia me dejó una enseñanza clara: incluso en las mejores historias empresariales, conviene mantener la humildad y el escepticismo.
Al final, más allá de si termino invirtiendo o no, este ejercicio me ha servido para conocer mejor una de las empresas más influyentes de Europa y, sobre todo, para poner a prueba mis propios límites como inversor. Con esa idea en mente, te comparto a continuación lo que he aprendido sobre Novo Nordisk.
Presentación
Novo Nordisk, la gigante danesa líder en diabetes y obesidad, vivió un ascenso meteórico en los últimos años, impulsada por medicamentos revolucionarios, seguido de un fuerte desplome en bolsa hasta mínimos no vistos desde 2022. Llegó a ser la empresa más valiosa de Europa gracias a sus fármacos Ozempic y Wegovy para la diabetes y la pérdida de peso. Sin embargo, desde los máximos de junio de 2024 sus acciones han corregido casi un -70%, eliminando prácticamente todas las ganancias obtenidas desde el lanzamiento de Wegovy en 2021. ¿Qué ocurrió para que uno de los mayores éxitos farmacéuticos recientes se tambalee en cuestión de meses?
Principales razones de la fuerte caída en bolsa

La caída de Novo Nordisk en los mercados no ha sido por un único motivo, sino un conjunto de factores que han debilitado la narrativa de crecimiento que la compañía venía construyendo.
En primer lugar, los recortes de previsiones han pesado como una losa. En julio de 2025, la directiva redujo por segunda vez en el año sus objetivos: el crecimiento de ventas esperado pasó del 13–21 % al 8–14 %, y el beneficio operativo del 16–24 % al 10–16 %. El golpe fue durísimo: en una sola sesión, la acción llegó a caer más de un 20 %. El mensaje era claro: el crecimiento de los fármacos estrella estaba por debajo de lo esperado, y con ello la confianza de los inversores quedó tocada.
Detrás de estos ajustes está la desaceleración en las ventas de Wegovy y Ozempic, dos medicamentos que habían sido los grandes motores de la compañía. Aunque el crecimiento total seguía siendo de doble dígito, la realidad es que la adopción en algunos mercados, especialmente fuera de Estados Unidos, fue más lenta de lo previsto. Novo Nordisk reconoció que la expansión internacional de Wegovy no alcanzaba las expectativas y que incluso en EE. UU. se estaba viendo cierta moderación.
A esto se suma una competencia feroz, liderada por Eli Lilly. Su tirzepatida, comercializada como Mounjaro en diabetes y como Zepbound en obesidad, ha demostrado una eficacia superior en pérdida de peso frente a la semaglutida de Novo. Los médicos, cada vez más, muestran preferencia por la opción de Lilly, y los analistas ya proyectan que podría alcanzar hasta la mitad del mercado de obesidad hacia finales de la década. El “moat” de Novo en un campo que parecía suyo en exclusiva ha empezado a erosionarse a gran velocidad.
Otro frente abierto ha sido el de las copias no autorizadas y fármacos compuestos en Estados Unidos. Durante meses, miles de pacientes han recurrido a versiones “magistrales” de semaglutida preparadas en farmacias de compuesto, aprovechando vacíos regulatorios. Aunque la FDA declaró que ya no había escasez y ordenó frenar estas prácticas, en la realidad su uso persiste y se estima que más de un millón de estadounidenses utilizan GLP-1 de procedencia no oficial. Esto, inevitablemente, resta ventas a Novo y limita la penetración de Wegovy.
Por último, pesa también el entorno regulatorio y político. El elevado coste de los tratamientos (entre 5.000 y 7.000 dólares por paciente al año) ha generado un fuerte debate en EE. UU. sobre la necesidad de regular precios. Se han barajado medidas como obligar a las farmacéuticas a abaratar sus medicamentos o incluso imponer aranceles a quienes no reduzcan precios. Al mismo tiempo, en Europa se han abierto investigaciones sobre posibles efectos secundarios psiquiátricos poco frecuentes, como pensamientos suicidas, recordando que ningún fármaco está exento del escrutinio regulatorio.
Todo esto ha llevado a la acción a mínimos de varios años y ha puesto en entredicho la credibilidad de la directiva. La gran pregunta ahora es si estos problemas son solo baches coyunturales dentro de la historia de una empresa con fundamentos sólidos, o si marcan un cambio estructural que obliga a ser mucho más prudentes. Para poder responder, conviene poner en perspectiva su historia y su modelo de negocio.
*Si quieres entender bien Novo Nordisk y saber si estamos ante una buena oportunidad, puedes acceder al contenido por 220€/año. Si además deseas profundizar en tu formación, tienes la opción de hacerlo por 500€/año.




